¿Qué pasó aquella noche de junio del año 2001?
Fue una noche incómoda y muy tensa. Los padres de Norton nos habían invitado a cenar a los cuatro: Ricardo, Bárbara, Norton y yo. Todos sabían que marchaba a Madrid, motivo por el cual me extrañó que quisieran que yo acudiera a la cena. Especialmente, habiendo sufrido el desprecio de la madre de Norton hacia mí por vivir juntos sin estar casados y sus amenazas con casarle a la fuerza con otra, alguien de "cuna noble". Pero lo que más me extrañó fue el ofrecimiento de Bárbara cuando ese suplicio terminó.
"¿Quieres que salgamos a tomar algo por ahí?"
Cuando alguien que ni se digna en saludarte por la calle te pregunta eso, puedes temer lo peor.
Miré a Norton, quien sin palabras me decía "tú misma". Entre la posibilidad de un silencio hiriente, y la posibilidad de que una conocida mantis religiosa pusiera sus patas sobre mí, decidí salir. A fin de cuentas, ¿qué mal me podía hacer? El sábado siguiente hacía un primer viaje hacia Madrid llevándome algunas cosas, tras haber aceptado el ofrecimiento de mis amigos. Era definitivo. Me marchaba. Así que salir a tomar un poco el aire me sentaría bien y la mantis no alcanzaría a devorarme. O eso creía.
Estuvimos en la zona de la Plaza Honduras y la Plaza Xúquer. La segunda era un hervidero de jóvenes en mis tiempos de instituto y primeros años de facultad, pero las recientes normas aplicadas a los pubs provocaron una deserción de esa zona, por lo que estuvimos bastante solas.
Primero fue el café Cómic, lugar conocido por mí cinco años atrás, cuando uno de los camareros contactó conmigo para que le hiciera un trabajo. Dicho trabajo consistía en pasarle un guión por ordenador e imprimirle copias. En aquel tiempo no era frecuente que la gente tuviera ordenador y menos impresora, por lo que el servicio que ofrecí (aparte de las clases particulares) era "toda una novedad" y durante un tiempo colaboró para pagarme los estudios. Hablé de eso mismo con Bárbara nada más entrar en el café, después de un silencioso trayecto en coche hasta llegar allí. Así, con esa tonta anécdota, cometí el error de hablarle de mi vida. Yo sólo quería demostrar a Norton, si llegaba el caso, que no era cierto que fui yo quien puso un muro entre su familia y nosotros. Ellos nunca habían admitido nuestras invitaciones.
Bárbara nunca ha sido de escuchar a los demás y mucho menos si lo que le cuentan no le sirve para luego machacar a quien le está hablando. Aquella noche ella tenía bien claro lo que le interesaba. Saber del estado de la relación entre Norton y yo para ver qué posibilidades había de que me fuera para siempre.
¿Qué le iba a contar? Pues lo que ya sabía. Que las cosas se habían estropeado y yo partía hacia Madrid. Además, entonces Norton era una persona bastante reservada y no había manera de saber qué le pasaba. Preguntarle era malo y no preguntarle, peor. Hoy en día eso ha cambiado mucho pero no estamos hablando de ahora sino de aquel momento.
En ese entonces, aquella noche, Bárbara comenzó con unas palabras muy "maternales" (no sé cómo llamar a ese montón de hipocresía). Me dio "consejos" (auténticas estupideces) para llevar adelante una "sana relación basada en la comprensión y respeto mutuos", como no mirar a tu marido cuando se corta las uñas de los pies. ¿Pero qué demonios me estaba contando? ¿No había escuchado cuando le había dicho que nos separábamos y yo marchaba para Madrid?
Se lo recordé.
"Bárbara, creo que no me has entendido. Este sábado marcho a Madrid. Empiezo a llevarme cosas a casa de unos amigos y en dos semanas estoy buscando trabajo allí. No hay relación sana ni insana. Simplemente, no hay."
"Oh, así que ya no hay ninguna posibilidad de reconciliación... Si quieres que te diga la verdad, no me extraña en absoluto. De hecho, no sé cómo has aguantado tanto tiempo a Norton. Es un maldito egoísta y un niñato consentido, y no se merece que nadie le cuide. Ya es bastante mayorcito como para ir haciéndonos perder el tiempo a los demás".
Un momento, un momento... ¿Qué estaba oyendo? ¿Dónde quedaban esos (estúpidos) consejos para llevar adelante una "sana relación basada en la comprensión y respeto mutuos"? ¿Qué acababa de pasar? Tenía la sensación de que en ese momento debía hacer una apuesta arriesgada: dejarle hablar. Que la mantis me apresara y dejarle acercarse. Esa sería la única forma de averiguarlo.
Y así fue como ella sola se descubrió.
"Mira, te voy a decir cuál es el problema de Norton. El problema de Norton es que en toda su vida no ha trabajado nada porque todo se lo han consentido sus padres y se cree que va a heredar una empresa próspera sin dar golpe, ¡¿pero qué se habrá creído?!"
"O sea, que aquí me tienes a mí, que he trabajado lo que no ha trabajado nadie por sacar la empresa adelante y ahora el niñato se cree que me va a quitar lo que me corresponde."
"Porque no te vayas a creer: los padres de Norton siempre han sido unos irresponsables y pretendían que fuera Norton quien dirigiera la empresa. ¡Norton! Parecía que se olvidaban de que tenían otro hijo que podía sacar adelante la empresa mucho mejor que el vago de Norton. ¡Y gracias a mi ayuda Ricardo y yo hemos levantado lo que se estaba convirtiendo en una empresa decrépita! ¡He sido yo quien ha levantado esta empresa y a mí me pertenece!"
"Claro, cuando los padres de Norton me conocieron se pensaban que yo iba por el dinero, todo porque Ricardo intentaba impresionarme con su cochazo, comprado por sus padres. Pero nunca me dejé impresionar, yo soy una persona muy íntegra que no admite que se le pavoneen con logros que no son propios. Aún así, la madre de Norton no se fiaba de mí. Yo tenía clarísimo que lo que quería era trabajar para la empresa y sacarla adelante, ya que el irresponsable de Norton no había querido hacerse cargo de la responsabilidad. Tú te crees, con su padre ya cerca de jubilarse y no querer ayudarle. Por eso que tenía muy claro que lo que quería era trabajar para la empresa les dije a los padres de Norton que nos casábamos por separación de bienes, para que no fueran a pensar que a mí me movía el dinero, ¡y los muy idiotas se lo tragaron! ¡No estamos casados por separación de bienes, estamos en gananciales! ¡Les he tomado el pelo como he querido y se lo han tragado sin más!"
"Pero no te creas que les he engañado en esa tontería porque yo sea mala persona, no. Lo que pasa es que te jode mucho que tú estés dejándote la piel en un puesto de responsabilidad, aprendiendo de la nada, porque no lo he tenido nada fácil, y luego veas que hacen cosas como comprarles las mismas cosas a cada hermano. ¡Eso no es justo! ¿Quién es el que ha trabajado? ¿Quién se lo merece? ¿Acaso se merece Norton que le hayan comprado un chalet sólo por ser hijo? ¡Pues claro que no! ¡Los dos pareados eran para Ricardo, tenían que ser nuestros, míos, porque Norton no se merece nada de lo que sus padres han hecho por él!"
"¿No crees que llevo razón? Piénsalo de este modo: Norton tiene casa y dinero suficiente para vivir lo que le quede sin mover un dedo, ¡y encima a costa nuestra! ¡Los padres de Norton pretenden repartir la empresa por igual y que Norton viva de rentas de los beneficios, ¿están locos o qué?! ¡La empresa es nuestra, de Ricardo y mía, porque nosotros somos los que hemos trabajado! ¡Antes la hundo que permitir que Norton nos robe el dinero!"
Intenté intervenir:
"Bueno, tal vez Norton haya hablado con sus padres y les haya dicho que no quiere vivir de rentas." -lo dije porque sabía que ya había hablado con ellos sobre eso, pero intentaba tantear a la mantis- "Aunque ahora quiera marcharse del sitio en el que está porque se han pasado mucho con él, la cuestión es que está trabajando, se ha buscado la vida por su cuenta y quiere que así siga siendo. O al menos eso es lo que pienso de lo que le conozco. No te olvides de que ha tenido una situación personal complicada y salir de ahí no es fácil."
Conseguí pincharle. Bárbara no puede remediar interrumpir cuando hablas y no dejarte seguir, y menos, tras un comentario como el que acababa de hacer.
"¿Situación personal complicada? Vamos, por favor... A Norton lo único que le pasa es que ve que se le acaba el cuento y por eso se rebota. Me dices que ahora se va del trabajo, justo ahora que tú te marchas, ¡menudo irresponsable! Y si es verdad que quiere salir adelante por su cuenta, ¿qué va a hacer ahora? ¿Seguir viviendo del cuento? Porque no se le habrá cruzado por la cabeza la idea de venir a trabajar en Esetepe Fenicios, ¡sólo faltaría eso! ¡Deja su trabajo 'porque le tratan mal' y aún se creerá que por las buenas puede pretender venir aquí y por su cara bonita ocupar un puesto de responsabilidad!''
Intento intervenir:
"Yo no he dicho que él quiera trabajar ahora en Esetepe ni él me lo ha dicho. No me ha hablado de sus intenciones, pero conociendo sus gustos buscará otro tipo de trabajo. En cualquier caso, si entrara a trabajar con vosotros no creo que ocupara un puesto de responsabilidad, a él le gusta más el trabajo creativo."
Y vuelve a interrumpirme:
"Ah, tú misma me lo acabas de decir: no quiere responsabilidades. ¡Por eso no vas a tener hijos como sigas con él! No quiere ninguna responsabilidad, huye de ellas porque es un cobarde. Que te aguantara tanto tiempo a su lado ya se me hacía raro, porque no se soporta ni a sí mismo."
Intento hablar:
"Yo no he dicho que Norton no quiera ninguna responsabilidad."
Pero es inútil:
"Ya, claro, y por eso ni siquiera os habéis casado. Eso era lo fácil para él y tú tonta por haberlo consentido: ahora estás en la calle y sin derecho a reclamar. Tenías que haber hecho como hice yo con Ricardo. ¿Quieres estar conmigo? De acuerdo, pero bien agarrado, no sea que un día te dé la tontería y pretendas dejarme tirada en la calle después de todo lo que he trabajado. Por eso en cuanto le vi mínimamente interesado aproveché que es bastante tonto y fácil de llevarle donde quieres y a donde le llevé fue a poner la fecha para la boda. Ahora, si algún día se cansa, que pague lo que me debe por aguantarle, que este es otro que tal, vaya hermanos. Porque Ricardo es un maniático y..."
Trato de matizar:
"No estoy en la calle, estoy en una casa que nunca ha sido mía hasta que encuentre otra casa. Norton no me va a dejar irme mientras no tenga eso asegurado y no quiere quedarse con nada mío, más bien al contrario, quiere ayudarme mientras me establezco."
Pero insiste:
"Sí, eso es lo que crees, pero tarda un poco más de lo que él cree que es el tiempo que necesitas y verás qué pronto te pone de patitas en la calle. Tenías que haberte quedado embarazada cuando viste que las cosas se empezaban a torcer, así ahora no te daría puerta tan fácilmente."
Respondo:
"Bárbara, eso es un disparate..."
Y sigue:
"No, no es un disparate. ¿Tú por qué te crees que yo no tengo hijos? No tengo hijos porque no soporto a los niños y tengo a Ricardo bien agarrado, pero en el momento en que yo vea que Ricardo siente la más mínima tentación de dejarme, especialmente si le veo interesarse por otra mujer, ya verás tú lo pronto que le voy a endosar niños para que tenga con lo que distraerse. Encima, mato dos pájaros de un tiro. Como Norton nunca va a tener hijos, los abuelos, encantados por la perspectiva de los niños, estarán felices, me los cuidarán y no tendré que soportarlos, ni a los niños ni a ellos, y a mí me dejarán tranquila con mi empresa. Y si Ricardo intenta separarse, con los niños por medio sus padres no le van a dejar separarse, y si lo hace, que se atenga a las consecuencias, porque entonces no le pienso dejar con nada. Me llevo a los niños, y todo lo de su padre irá a ellos. Y como Norton no va a tener hijos, ya nadie me podrá quitar nada ni protestar."
Interrumpo:
"Bueno, a lo mejor Norton sí que acaba teniendo alguna vez algún hijo."
Y contesta:
"Ja ja ja ja... Norton, tener hijos. Si tú eres lo más parecido que ha tenido nunca a una novia y ni por esas, porque es un cobarde, un cobarde irresponsable y un egoísta. ¿Cómo va a tener hijos si sólo se quiere a él?"
"No sé cómo sus padres pierden todavía el tiempo con él, pero es que claro, les conoces un poco y enseguida lo entiendes, porque son igual de raros y de intratables que él. El padre, un gruñón, grosero y engreído, que se cree que ha hecho mucho con la empresa cuando en realidad ha empezado a funcionar de verdad, a lo grande, es cuando yo he entrado a trabajar ahí. Le ves y lo que tienes es un viejo chocho que no para de intentar presumir comprándose aparatitos y haciendo el tonto, porque luego no los usa nunca. Ha ganado dinero porque ha tenido suerte y no tiene nada mejor que hacer con él que gastárselo en Norton. Y la madre otra que tal. Parece simpática y atenta pero en realidad es una estúpida, ¡y siempre con el coñazo de las plantitas! Está visto que si no te gustan las plantitas o cocinar entonces eres una mala mujer que no sabe cuidar a su marido, y no te queda más remedio que tragar, porque si no sus sermones son pesaditos."
Intervengo:
"Pues yo he visto que te has ido de viaje con ellos, y normalmente 15 días, así que tan malos no serán. Yo les conozco poco, pero nunca he tenido la sensación de que sean lo que dices." (dije, prometiéndome tener cuidado de no hablarle de las amenazas de la madre de Norton contra mí).
Contesta:
"Eso es porque les conoces poco. Y lo de viajar, pues ponte en mi lugar. Si quieres ver mundo a bajo precio y con regalos por la cara, es lo mejor, porque ellos han pagado siempre todo en los viajes. Quedas muy bien con los amigos llevándoles regalos carísimos porque creen que los has comprado tú, pero no, los han pagado los gilipollas de mis suegros. Si no es así, y pensando en los réditos sociales, a ver quién tiene paciencia para aguantarles todo ese tiempo."
El colofón vino con la justificación de toda esa explosión:
"Te cuento todo esto a ti porque sé que eres una persona sensata y me comprenderás, porque en el fondo somos iguales: inteligentes, trabajadoras, luchadoras... Porque alguien tiene que saber con qué clase de gente he tenido y tendré que vermélas en estos años que sigan vivos."
"Entiendo" - Respondí. Y cambié de tema. Y dije de marcharnos a otro sitio. El resto de la noche se diluyó en una nebulosa de refrescos con cola en los que inútilmente intenté ahogar todo lo que había escuchado mientras oía hablar de la vida y milagros de Bárbara la gran trabajadora.
Aquella noche volví con expresión amarga a casa. Yo partía para Madrid el sábado. Al día siguiente, al despertar, Norton me preguntó: "bueno, anoche, ¿qué tal?". No me atrevía a decirle nada de lo que había escuchado. No era el mejor momento. No me creería. No me haría caso. Si se lo contaba, sólo empeorarían las cosas. Y al día siguiente partía para Madrid. Así que me limité a contestarle: "Debo decir que todo lo que me ha contado Bárbara me ha ayudado a recobrar las fuerzas para seguir luchando por ti". "Pero, ¿qué te ha contado?". "Nada, consejos. Ya te los diré si los pongo en práctica".
El sábado me fui a Madrid. Regresé el lunes. Y volví a luchar por Norton. Esa semana me pidió que no me volviera a marchar. Me había echado de menos el fin de semana. Durante dos largas semanas estuvimos hablando sólo de nosotros, de cómo reconducir nuestra situación. Volvíamos a estar juntos. Para mi alegría... y también para mi desgracia. Pero de la desgracia no fue Norton el culpable.

